Tuesday, April 27, 2010

AVENTURA EN LAS MONTANAS DE ECUADOR 2006

AVENTURA EN LAS MONTANAS DE ECUADOR
Diciembre 2006

Participantes: Edilia C. de Borges y Juana Frontera-Fogel


La aventura indetenible comenzó en el aeropuerto internacional “José Antonio Sucre” en la ciudad de Quito, capital del vecino país Ecuador, mitad del mundo por la línea equinoccial que lo cruza de norte a sur, dividiendo la tierra en dos hemisferios.En horarios diferentes fuimos recibidas por quienes serían nuestros anfitriones y guías, el señor Manuel Jácome y su hijo Diego Jácome.
El primer día hicimos un recorrido por el Quito Colonial. Bastante interesante. El recorrido de esta mañana por la ciudad, además de atractivo, educativo e interesante nos ayudó a nosotras que venimos de zonas bajas, a comenzar a aclimatarnos. Quito está ubicada a una altitud de …….m.s.n.m. Al día siguiente temprano, Manuel nos recogió en su camioneta, nos trasladamos a una tienda de deportes para equiparnos con lo necesario para subir a las montañas nevadas..

El primer objetivo es llegar a la cima del pico Pasochoa (4.200 m), pero la entrada hacia la montaña está cerrada porque los lugareños la están arreglando. Luego de dar algunas vueltas, b ien apertrechadas con suficiente agua potable, comienza nuestra caminata, por una carretera de tierra con algunas piedras diseminadas que alguna vez la cubrió, seguimos hasta donde termina, enfrente tenemos ahora una colina donde se ubica una casita desierta y detrás de ella un precioso prado muy verde. Comenzamos a subir una no muy exigente pendiente. Siempre vamos detrás de Manuel. A medida que subimos la altitud nos permite la amplia y linda vista de todo lo que nos rodea, montaña, valle, colinas, la ciudad. Pero pronto la neblina lo cubre todo, comienza a llover suave, cae granizo grande y ahora la lluvia es fuerte, un viento frío comienza a sentirse, no tenemos sol. Vamos protegidas y abrigadas con nuestras capas para el agua.

Se termina el sendero y encontramos una cerca de alambre, estamos en la base de la montaña, muy cerca de ella. Veo 3 cimas. Manuel decide que subiremos a la menos técnica, pero antes nos damos un descanso para almorzar. Luego por un sendero bastante angosto, pedregoso, con piedras altas a veces, comenzamos a subir hasta la cumbre, no es lejos y ya en ella, nos dedicamos a tomar fotografías al hermoso panorama. Comienza a llover de nuevo, con fuerza, lo que nos impulsa a bajar rápido, casi corriendo, hay que desandar el camino en la zona descampada y llegar a un refugio, en el cielo refulgen las centellas. Manuel se adelanta y nos acerca la camioneta, en ella dando tumbos por el encharcado camino rodamos hasta el refugio Campamento Base.
Nos han asignado una cómoda habitación, en su puerta se identifica como “Cotopaxi”, que bien dormimos en ella. Muy temprano en la mañana me despierta una intensa luz que se cuela por el amplio cristal de la ventana, me levanto y me asomo por ella. Mi sorpresa es tanta que me deja muda de asombro.. casi creo tocar aquella visión increíble. El pico Cotopaxi (5.892m) se dibuja nítidamente en el horizonte. Es todo un espectáculo, parece un cono de helado de chocolate, bañado desde arriba con crema chantilly. La nieve resplandece en su cima. Mi agitación es tanta que casi despierto a Juana que duerme plácidamente, pero no, sólo atino a tomar mi cámara fotográfica y voy afuera a sacarle una y mil fotos., antes que la niebla lo tape

Después de un suculento desayuno, cargamos nuestros enseres con rumbo a los picos Illiniza, pero cuando llegamos al sitio “Paso del Cantón”, no podemos seguir. La gente del poblado de Machachí , están en huelga y han cerrado la carretera , se decidido cambiar el plan. Haremos una caminata larga entrando por el Parque Nacional Cotopaxi, dormiremos en el refugio Tambopaxi, albergue ecológico que además de su buena cocina, tiene una espectacular vista hacia el volcán y otras montañas. Entramos al parque por el Control Norte. Allí se queda Manuel y nosotras con Diego caminamos a través de una extensa pradera, por entre pajonales (esta planta de recia fibra es utilizada para muchas cosas por los lugareños, de hecho 3 de ellos los encontramos cortándola para llevarla y tapar con ella el techo de sus casas). Subimos y bajamos laderas de enmarañada fronda, caminamos mucho hasta llegar a una gran faja de terreno sembrado de altos pinos, su fragancia impregna el ambiente, el rumor de sus ramas semeja un canto gregoriano
Otro día. Manuel considera que las condiciones de la montaña no están dadas para subir con seguridad. Así que nos vamos para otra, total hay muchas donde escoger. El Pico Rumiñahui (4.850m). Salimos en la camioneta hasta la laguna Limpo Pungo (3.800m), en la orilla dejamos la camioneta. Lejos se ven 3 cumbres, una de ellas es nuestra meta, como no escalamos en roca, subiremos a la más fácil. En el agua de la laguna nadan una bandada de patos, de ella se levanta una espesa niebla. Estamos en la gran falda del Cotopaxi y a él lo divisamos como orgulloso guardián. Caminamos un buen rato por la orilla del agua, hasta llegar a una zona de pajonales altos, hay humedad en el piso y a veces charcos pantanosos. Vemos zonas de arenales. Es difícil subir por ellos sin resbalarse. Manuel pasa adelante con el objetivo de que yo coloque mis pasos sobre la huella que él va dejando, ello contribuye mucho a afianzarme en el terreno.. Comienza la lluvia de siempre ¿hasta cuándo?, se va convirtiendo en un gran chubasco que transforma el sendero, hilos de agua corren hacia abajo. Nos refugiamos en el hueco de una pared de piedra, esperando que pase el “chaparrón”, aprovechamos de comer allí mismo, de pié. Amaina un poco y Manuel da la orden de bajar, el hacerlo por los arenales se hace más fácil. Se hace divertido al utilizar los pies como esquís y nos deslizamos rápidamente, pero nunca con la rapidez de Manuel, es un “campeón” en esto.
Luego de desayunar, salimos en la camioneta para un acercamiento al Cotopaxi, dormiremos en el refugio que en él se encuentra. El transporte se quedará estacionado en un terraplén y desde allí nosotras subimos poco a poco por un terreno nevado hasta el refugio. No se siente frío alguno, al menos yo, el ejercicio y la ropa abrigada lo minimizan. Subimos cerca de 300 metros y como surgiendo de la nada, al pié de la pared de la base (en un cartel que está allí se lee Zona de avalanchas), nos encontramos con un manchón amarillo, es la fachada del refugio (4.800m). Adentro medio oscuro logró ver una gran sala con muchas sillas y mesas, gente comiendo leyendo, conversando...

Diego quien se había adelantado nos ofrece un té caliente y nos informa que arriba en el segundo piso están los dormitorios, subimos por una estrecha escalera de madera y toamos posesión de nuestras literas. Después de descansar un poco bajamos a cenar. Posteriormente nos tendemos en la cama para tratar de dormir , es difícil por el ruido de conversaciones, la gente que sube y baja. Cierro los ojos y trato de dormir, pero mi inquieta mente proyecta imágenes ansiosas sobre lo que encontraré en la ascensión a la cima del volcán. Pasa lentamente el tiempo, en la oscuridad oigo que Manuel nos avisa que ya es la hora de irnos, son las 12 de la noche. Mientras nos alistamos se nos hace cerca de la 1 de la madrugada y es cuando salimos del refugio, con nosotros salen otras cordadas. Aunque hay luna lleva, las nubes la tapan. Sigo la huella del guía, la nieve no está muy dura en algunas partes, resbalo y casi caigo, me sostengo con el piolet FOTO. Toda una danza es el avanzar, debo apoyar en la nieve el piolet y al unísono con la otra mano el bastón, mientras afianzo un pie de punta en la nieve, doy un paso con el otro pie´. Toda una técnica efectista que se repite y cansa. Debemos calzar los crampones a nuestras botas FOTO. Sentados o de pie parecemos fantasmas. Pasamos a las orillas de unas grietas, me estremezco cuando veo aquél agujero negro sin fondo. Mariposas aletean en mi estómago..Pero no estoy asustada, tengo seguridad en la cordada de Manuel. La nieve centellea a la luz de mi linterna. Varias lucecitas de otras se ven moviéndose más arriba de donde yo voy. No distingo nada en aquella negrura a mi lado, nadie habla, se escucha sólo el respirar fuerte.
En la mañana del nuevo día, acompañadas por los chicos de nuevo, Diego nos llevó fuera de la ciudad, pasamos por un escalofriante viaducto, abajo en un desfiladero vislumbro un río entre rocas..La ancha autopista la rodean preciosos y verdes paisajes, pasamos una laguna ancha y gris y llegamos a un sitio denominado “Las Termas de Papallacta, es un balneario cuyo atractivo principal son las aguas termales/minerales que ofrecen. Hay una serie de piscinas de distintas temperaturas, en ellas nos bañamos. No quería salir del aquellas aguas, tal era el sosiego y la tranquilidad en que estaba sumergida, ajena al “mundanal ruido”, a las volteretas y chapuzones de los chicos. Pasamos la mañana reparando fuerzas. Luego nos deleitamos con choclos calientes en un restorán modesto y sencillo, allí en un estanque nadaban las truchas que infructuosamente trataron de pescar los muchachos.
De nuevo en la carretera rumbo al hotel citadino. Esa última noche en nuestra habitación, el tiempo no nos alcanzó para “repasar entre ambas “ todos los ratos felices que pasamos durante nuestro viaje.Muy temprano los Jácome nos vinieron a buscar para llevarnos al aeropuerto, allí nos despedimos de ellos, agradeciendo sus miles de atenciones y cuidados , y con la promesa de volver pronto. La nostalgia pintó nuestros adioses. Llega el momento de despedirme de Juana, amiga y compañera de aventura. Un abrazo con fuerza sella el compromiso de viaje en el futuro cercano. Ella vuela a Miami, yo regreso a Caracas.Un último vistazo a lo que me rodea y subo al avión con destino a mi tierra, dejo atrás una acogedora tierra y a nuevos amigos.Nos vemos en la próxima.

Edilia C. de Borges
Posted by JuanaFrontera's Adventures

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